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¿Por qué ver cine sin doblaje?

El tema del doblaje sigue suscitando polémica en nuestro país. Los más cinéfilos y puristas siempre lo han rechazado, apostando por los subtítulos. Si bien la versión original nos permite apreciar muchos matices de las interpretaciones que se pierden con el doblaje, no es menos cierto que el trabajo de los dobladores es en la mayoría de las ocasiones excepcional.

En cualquier caso, pese a la calidad del doblaje en España, son habituales gazapos, bien por errores de traducción o porque es imposible encontrar en castellano un equivalente, lo que puede llegar a alterar escenas o dar lugar a frases míticas que jamás se pronunciaron en su idioma original. Por poner algunos ejemplos, citaremos dos grandes y famosas películas que seguro todos hemos visto:

La primera de ellas es la famosa ‘ET, el extraterrestre’ (1982). El entrañable y pacífico alienígena de la película de Steven Spielberg jamás dijo ‘ET. Teléfono. Mi casa’. Si, lo sabemos. Para muchos, un mito acaba de caer, pero es cierto. En la versión original, lo que en realidad decía el personaje era ‘ET. Llama a casa’. Podemos decir, por tanto, que el doblaje de nuestro país acuñó una de las frases más célebres de la historia del cine, al menos en España.

Otro ejemplo bastante impactante es el del film ‘El Patriota’ (2000). El doblaje de la película de Mel Gibson hizo correr ríos de tinta. Al personaje interpretado por el actor australiano le llaman ‘El fantasma’ y en una escena en la que irrumpe en plena homilía, los dobladores se permitieron hacer un juego de palabras. Así, tradujeron “in the name of the father, the son and the holy ghost” es decir “en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo”) por “en el nombre del padre, del hijo y del santo fantasma”. 

Existen cientos de anécdotas de este tipo que no hacen sino corroborar que hay pocas cosas mejores que la versión original, a menos que conozcas en persona al promio Mel Gibson y se preste a interpretar la obra en tu salón. Si no es así, ya sabes.